Arpía por Javier Morales

Primero estaba el mundo. Y el mundo era un huevo. El huevo era cuidado por un animal fabuloso con la cara de una mujer y el cuerpo de un ave de rapiña que todo lo veía. Una arpía de cuando las mujeres fueron pájaros con unos ojos grises profundos. Una arpía que al cuidar el huevo cuidaba el mundo. Llevamos poco tiempo siendo humanos. Primero estaba el mundo y el mundo era el huevo, y la arpía lo sabía. Solo que a veces la arpía podía volverse otra y entraba al mundo, que era el huevo. Quienes la veían lo contaban en susurro para que la voz humana no la llamara de nuevo. Una mujer recuerda cuando la arpía se le prendió con las garras en el lomo mientras estaba muy de noche y ella era mucho más joven. Las arpías aparecen en Natagaima, Coyaima y Purificación, de donde son los abuelos y de dónde son los saínos. El sonido del saíno es confundido a veces con el susurro de las brujas. Llevamos poco tiempo siendo humanos. En el huevo que era también el mundo, había una mandrágora llamada Patricio Estrella Venus de Wilendorf, un fetiche antropomorfo que vive en casas de tierra caliente y está hecho con diversos tubérculos que los pijao tiraban desde una montaña y de acuerdo a cómo caía, podían saber cómo serían las cosechas. En los rituales fúnebres de los pijaos, los pueblos amerindios del Tolima, se procuraba mantener una distancia entre el suelo y el difunto.

Curaduría: Carolina Cerón

Desde:
Febrero 17, 2022
Hasta:
Abril 7, 2022

El diorama y la lengua Ciclo de exposiciones en La Vitrina Galería Espacio Continuo Curaduría: Carolina Cerón

Primero estaba el mundo. Y el mundo era un huevo. El huevo era cuidado por un animal fabuloso con la cara de una mujer y el cuerpo de un ave de rapiña que todo lo veía. Una arpía de cuando las mujeres fueron pájaros con unos ojos grises profundos. Una arpía que al cuidar el huevo cuidaba el mundo. Llevamos poco tiempo siendo humanos. Primero estaba el mundo y el mundo era el huevo, y la arpía lo sabía. Solo que a veces la arpía podía volverse otra y entraba al mundo, que era el huevo. Quienes la veían lo contaban en susurro para que la voz humana no la llamara de nuevo. Una mujer recuerda cuando la arpía se le prendió con las garras en el lomo mientras estaba muy de noche y ella era mucho más joven. Las arpías aparecen en Natagaima, Coyaima y Purificación, de donde son los abuelos y de dónde son los saínos. El sonido del saíno es confundido a veces con el susurro de las brujas. Llevamos poco tiempo siendo humanos. En el huevo que era también el mundo, había una mandrágora llamada Patricio Estrella Venus de Wilendorf, un fetiche antropomorfo que vive en casas de tierra caliente y está hecho con diversos tubérculos que los pijao tiraban desde una montaña y de acuerdo a cómo caía, podían saber cómo serían las cosechas. En los rituales fúnebres de los pijaos, los pueblos amerindios del Tolima, se procuraba mantener una distancia entre el suelo y el difunto.

El difunto se enterraba en un hueco en la pared de la montaña en donde cabía el cuerpo y había un espacio para que de uno en uno, los dolientes entrarán a la tumba y le susurrarán algo al oído al muerto, luego de que todos le dijeran sus susurros empezaba un llanto colectivo que duraba horas y luego se bañaban todos en el Magdalena a las tres de la mañana. Llevamos poco tiempo siendo humanos. Las arpías y los chulos se parecen en que ambos vuelan y saquean, ambos consiguen cuanto pueden y se comen lo que se desecha. En áreas pobladas por humanos el chulo hurga en basureros y come huevos. Al chulo le falta el órgano vocal de las aves y por eso solo produce siseos de baja frecuencia, como susurros. El chulo, a diferencia de la arpía, pone los huevos en el suelo. El huevo de la arpía es negro. El huevo, como el mundo, nunca es para sí mismo, es un contenedor en función de otra cosa. Un contenedor que luego será descartado. El huevo, como el mundo, es solo huevo al ser desperdicio. La arpía lo sabe y aún así cuida ese huevo, que es el mundo. Llamamos una cosa con el nombre de otra, tal vez, porque llevamos poco tiempo siendo humanos. Como la arpía, conocemos las lecciones; aquí está el mundo, aquí está el huevo.

Curaduría: Carolina Cerón