Espacio Continuo Galería


Patricia Bonilla & Santiago Rueda

Colombia color.

“[…] El ejercicio de fotografiar y registrar un entorno, así como el auto-retrato fotográfico, son tradicionales al arte de Niepce y Daguerre. Luego de obtener los resultados, Patricia Bonilla revela en una lamina transparente, y entonces comienza un segundo procedimiento, que nada tiene que ver con la fotografía misma, aunque es preciso seguirla como mero dibujo, para enrutar los elementos que irán a iluminar su obra definitiva. Sería en consecuencia, una obra diferenciada » de iluminismo, un sistema emparentado con las vanguardias de este siglo desde Braque y Picasso, incluyendo el Dada.

El collage es el segundo paso para inventar situaciones cromáticas mediante la disposición de distintos impresos brillantes, opacos, lisos, estampados, controlando y elaborando un fondo que sin dejar de ser riguroso no abandona la dosis caprichosa. La mayor carga cromática esta relacionada con la iconografía popular, sus variaciones y recreaciones que ella vuelve arbitrarias; así ese realismo aparente, transformado mediante instalaciones, no deja de tener una atmósfera surreal.”

Este año hemos inventado un nuevo formato de entrevista. PUNTO DE FUGA ha retomado el diálogo con fotógrafos, buscando transmitir algo del lenguaje oral de estas conversaciones que se han hecho por medio de ZOOM. Es una forma de reflejar el tiempo de pandemia en el que vivimos.

P.D.F.: Buenos días, los saludo desde PUNTO DE FUGA donde estamos haciendo esta conversación desde Bogotá. Hemos invitado a Santiago Rueda, curador de arte y autor de La fotografía en Colombia en la década los 70 entre otros títulos y a Patricia Bonilla, fotógrafa que se dio a conocer por series como El Colombia color, de la que vamos a hablar en este episodio. Santiago acaba de inaugurar una exposición de tres fotógrafas en la galería Espacio Continuo en Bogotá que se titula Bonilla/ Herrán/Vásquez/Fotografías.

S.R: Para mí es una ocasión muy especial porque hace tiempo quería tener esta conversación con las dos, y celebrar un día como hoy este encuentro con Patricia, de quién soy un gran admirador, a quien busqué por años a través de muchos medios y con quién nos conocimos el año pasado. Hemos venido conversando sobre su obra, su vida y tenemos esta linda exposición colectiva donde participan también Mónika Herrán y Laura Vázquez en la galería Espacio Continuo. Ocasión para hacer este viaje en el tiempo y revisitar El Colombia color. Entremos en materia, haciendo un recuento de tu vida. ¿Cómo llegaste a la fotografía? pero un poco antes: ¿Cómo llegaste a la actuación? Porque tú empezaste como actriz antes de llegar a la fotografía.

P.B.: Comencé como actriz siendo muy joven. Me escapé del colegio, e inmediatamente entré al Teatro Estudio de la Universidad Nacional. Allí hice algunas obras de teatro que me encantaron. Por algún motivo u otro llegué a hacer televisión y estando en televisión tuve mi primer contacto con el cine. Me casé con Luis Crump que en ese entonces era director de cine. En 1978, arrancando nuestro matrimonio, se hizo Cuartico Azul, el cortometraje en blanco y negro que cuenta la historia de una pareja de campesinos que llega recién casada a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades, dirigida por Luis. A la entrada a la ciudad son robados y se desencadena una insufrible vida sin empleo, alcoholismo y violencia familiar.

P.B.: La hicimos muy de corazón a corazón con Sebastián Ospina. Fue un momento muy bonito y todo eso fue reconocido por el público. Aunque la película fue hecha en blanco y negro, me dio tremenda oportunidad para comenzar a indagar en El Colombia color, que para mí simboliza la cultura popular colombiana, el medio maravilloso que nos está siempre haciendo una cunita para crear cosas importantes para nuestras vidas, nos da nuestra felicidad y nos muestra las cosas lindas que podemos nosotros como colombianos llevar por dentro.

En esa serie comienzo hacer autorretratos disfrazada. Quise reunir en una sola técnica, en un solo momento, todo cuánto era como actriz. En esas primeras fotografías era el personaje principal. En ese momento estaba enamorada de la fotografía en blanco y negro, un formato que era muy importante por la presencia de fotógrafos como Nereo López o Carlos Salamanca.

Por otro lado, tenía un deseo de realizar cosas con tijeras y recortar pedacitos de papel de todo tipo, para llegar a realizar esta imagen intervenida con el Kodalith en blanco y negro (o negros y transparentes) y debajo de él, un collage. Por detrás de la imagen hay una serie de recortes, pedacitos de papel de color que le dan el color al blanco y negro. Las dos cosas van juntas. Es un trabajo que me encantó hacer porque es creativo y reúne mi idea de poner en una sola cosa todo cuando soy, más el comentario de la cultura popular que siempre me ha apasionado.

P.D.F.: Muy interesante. Yo quería simplemente que nos explicaras qué es El Colombia color exactamente, cuéntanos un poquito más en detalle.

P.B.: El Colombia color es el nombre que le doy a esta búsqueda del color en el visual colombiano, bastante autóctono, loco muchas veces, improvisado y maravilloso. Lo ves en Colombia cuando sales por las carreteras: la manera en que son pintadas las casas, los ves en la forma en que muchas personas combinan sus colores para estar bellos, lo ves en las ventanas, inclusive en la forma como están dibujadas las cajas de los emboladores de zapatos. Son colores que funcionan muy bien el uno con el otro, sin tener ninguna mentalidad de diseñador ni nada por el estilo. Para mi es más como una emoción.

S.R.: Dices en una entrevista que en un momento te invitaron a exponer y tú dijiste : “bueno, yo no sé dibujar, no sé pintar, entonces voy a usar esta técnica experimental que consiste en valerme del Kodalith para luego hacer un collage. Quisiera preguntarte entonces si desde el inicio tomas la decisión de incluir color: ¿cómo es este proceso?

P.D.F.: El texto de Miguel González habla de un trabajo de iluminación y de collage. Cuéntanos más sobre eso.

P.B.: Todo el proceso comienza con una fotografía en blanco y negro. Pero antes de la fotografía hay una búsqueda de un personaje y en qué sitio va a ser retratado. La primera fotografía es en blanco y negro que normalmente son autorretratos hechos con un trípode. Con ese material se organiza el Kodalith en el laboratorio. En este caso, la foto es tomada cerca de la Macarena. Encontré esa locación perfecta para este personaje, entonces ahí ya comencé a buscar de qué manera lo voy a vestir y cómo lo voy a hacer.

S.R.: Patricia, esta es Ángela bajando la escalera. ¿Quién es Ángela?

P.B.: En esta fotografía vemos a Ángela, una prostituta que está bajando la escalera muy contenta. Ese día seguramente le va a ir bien cada de buena onda. Cada uno de estos personajes que interpreté en esta serie, tienen un cierto toque de humor y un cierto toque de romanticismo también. Cada uno de ellos lo hice con mucho respeto y gran amor por la cultura que estaba rodeando este lugar.

En ese momento vivía en las Torres del parque y tenía un laboratorio en la casa. Las ampliaciones son más o menos de 60X40 cms, para obtener imágenes no demasiado grandes, pero suficientes para comenzar a realizar por debajo la búsqueda y encontrar los papeles de color.

P.D.F.: ¿Cómo uniste teatro, actuación, fotografía y técnicas experimentales en imágenes como esta?

Como ves ahí busqué el color apropiado para la puerta, para el fondo de la ventana, para el vestido de la mujer que baja por la escalera. Todos los recortes de papel funcionan unos en relación con otros. En este caso un papel que tiene un degradé, ves el amarillo se va hacia el rosado. Otras veces simplemente son pedacitos de recortes de papel de revista, papel de regalo, papeles de colores que me llamaron la atención. Así se va construyendo cada una, hasta que definitivamente digo: la imagen quedó completa.

Estas imágenes fueron expuestas enmarcadas con el acetato, que era el resultado del proceso de experimentación. De pronto es posible que estuviera una obra mejor debajo, pero realmente fue solamente un momento que viví, y bueno, es lo que se está mostrando en el Espacio Continuo.

En todo este tiempo llegué a producir alrededor de cien obras, que si las vuelvo a mirar y a desglosar, puede ser que escondan cosas muy interesantes. Cuando vuelvo a mirar en el archivo hay algunas obras que yo tengo acá que digo: ¡Caramba! Pienso que estoy lista para hacer un destape de las obras que tienen los coleccionistas, para mostrar ese proceso que hay detrás.

S.R.: Recuerdo haberte visto en televisión, aparecías en los seriados nacionales, muchos te recordamos por tu papel en la película de Luis Ospina Pura sangre, en el papel de una monja enfermera, que aparece brevemente y que es muy tímida. Quisiera saber estos personajes que articulan narrativas. Me parece que son personajes muy irónicos. Siempre esa mujer que aparece en las fotos está ensimismada, y es siempre melancólica.

P.B.: Cada personaje fue brotando, fue fluyendo en el imaginario. Creo que es el entorno el que los crea muchas veces. Estando en Cartagena recibí una invitación para ir al barrio de Manga. Estando allí empiezo a pensar en un personaje que de pronto comienza a aparecer allí, en esas calles y deseo interpretarlo. Las casas de Manga son de comienzos del siglo XX, entonces empecé a pensar cómo vestir a este nuevo personaje con un cierto romanticismo, con una cierta nostalgia. Quise conseguir una mecedora y hacer todo la puesta en escena que ves aquí. Cada una de estas imágenes fue saliendo de manera muy espontánea. Muchos me vinieron como inspiración para interpretar el personaje. (...)

Julio 15, 2021

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